La poesía y el arte están de camino a lo distinto.

Byung-Chul Han

La terapia Gestalt nos dice que “la experiencia se da entre el organismo y su entorno”, esto quiere decir que, para el estudio de dicha experiencia, debemos de partir de la interacción que surge en la frontera.  

De acuerdo con el libro fundador de la Terapia Gestalt, estamos cada vez más fuera de contacto con nuestras situaciones presentes, ya que el presente es siempre novedoso. Mucho ha pasado desde que Perls y Goodman en 1951 plantearan la novedad como centro del contacto y ahora es precisamente lo que se rechaza.

En los trastornos de la conducta alimentaria, aparece cada vez con más frecuencia y fuerza, el rechazo a la gordura, a tener unos kilos de más, a no satisfacer los estándares de belleza impuestos por cada cultura, rechazo combinado con la falta de presencia del otro, de otro a quien entregarle el sufrimiento por ser diferente, por tener un cuerpo distinto a la norma.

Son muchos los factores involucrados para que se presente una fobia, la falta de apoyo junto con la historia de cada persona en un entorno que llega a la violencia por no ser talla 0 o doble 00. La terapia Gestalt lee las fobias como estilos relacionales, descritas como un miedo sin motivación e intenso a un objeto o un espacio irrealmente percibido como peligroso. La persona no tiene miedo de sí misma, sino que tiene una fobia a las sensaciones que le provoca. Por lo tanto, la fobia se refiere, a la angustia de sentir algunas emociones que el cuerpo evalúa como insoportables.

Y ¿qué es lo insoportable en la gordofobia? El rechazo, la falta de pertenencia, la humillación y la vergüenza. A esto hay que agregarle todas las sensaciones que emergen: sudoración excesiva, dolor en el pecho, sensación de ahogo, migrañas, dolores articulares, mareo, vómitos, llanto, entre muchas otras.

En el estilo relación fóbico se evita el contacto con objetos específicos o con ciertas condiciones ambientales desagradables e insoportables. Se aniquila la posibilidad de los kilos de más, la grasa, los cuerpos gordos, se evita mirarlos y surgen expresiones terribles como: “primero muerta que gorda”, “que asco”, “jamás pareceré una ballena”. Surge la paradoja, además de sentirse atraído y aterrorizado por el objeto fóbico. Las sensaciones que no quiere sentir le atraen de forma irresistible ya que pertenecen a su identidad y son un desafío al mismo tiempo para sus relaciones.